Resulta casi imperativo no darse cuenta del maltrato que continuamente padece el suelo.

Podemos extendernos a todos aquellos suelos que sufren de nuestra incapacidad de reconocerlo no solo como patrimonio paisajistico, agrícola o que deba ostentar cualquier otro derecho del cual debieramos disfrutar, si no como hogar, como nicho ecológico de una cantidad y variedad de seres vivos que aún hoy no podemos imaginar y que varía según su profundidad, características o disposición o no de aire en el medio, como protector contra la pérdida de erosión, de nutrientes, como agente que ofrece la oportunidad de hacer evolucionar un bosque, una selva, una pradera así como también como captador y retenedor del agua, ofreciéndola más tarde en el tiempo como recurso vital a todos aquellos seres que de él dependen.

Un poco de tiempo dedicado a pasear entre diferentes extensiones agrícolas sirven para darse cuenta que el suelo, a día de hoy, es valorado como soporte del cultivo, de la maquinaria que se mueve a través de él, como “espacio” que nos permite desplazarnos y, finalmente,  como contenedor de todos aquellos insumos utilizados hoy día en la agricultura.

Ayer llovió durante poco más de una hora en el pueblo, una lluvia que generó algunos charcos, alguna escorrentía, pero que, visitando al día siguiente el huerto se hizo imperceptible, como si a diez minutos del casco urbano, la lluvia no hubiese hecho presencia nunca hubiese aparecido y si en algún momento la hizo, ésta lo abandonó sin dejar ningún tipo de rastro.

El suelo ofrece múltiples funciones, todas ellas vitales pero simplificadas a una sola, ser soporte.

Cuando el arado, sobre todo en el uso de maquinaria pesada, trabaja el suelo, vemos levantar el polvo arrastrado por el viento sin darnos cuenta que aquello que vuela no solo es polvo, son nutrientes, los nutrientes de la primer capa del suelo, la más nutritiva, esquilmando así una preciada alcancía, desplazados del campo y perdidos para siempre, abocados a su esterilidad, solo la aplicación de fertilizantes sintéticos en forma de sales nos hace creer en una aparente fertilidad. Si a este laborioso trabajo unimos un fuerte deshierbe,

Escrito por RicardoChiralt